Managua, 15 de enero de 2026 (FLED).— La represión contra la prensa independiente en Nicaragua durante 2025 respondió a estrategias estatales sostenidas, adaptativas y articuladas, orientadas a restringir el ejercicio periodístico y controlar el flujo informativo. Esto es lo que revela el Informe Anual 2025 de la Fundación por la Libertad de Expresión y Democracia (FLED), titulado «Represión adaptativa y control digital: nuevos mecanismos de ataque contra la prensa independiente en Nicaragua 2025».
«El año 2025 confirmó la continuidad de un patrón sistemático de agresiones contra periodistas y medios de comunicación independientes», advierte el informe, que documentó 115 violaciones a la libertad de prensa durante el período analizado.
Lejos de una disminución de la violencia, FLED subraya que las agresiones en Nicaragua se reconfiguraron hacia mecanismos más fragmentados, persistentes y silenciosos, principalmente en el ámbito digital. «La aparente menor visibilidad pública de algunas agresiones no responde a una mejora del entorno, sino a un cambio en las estrategias represivas», señala el documento.
El informe alerta que estas formas de represión operan fuera del foco público y profundizan el subregistro de casos. «Muchas víctimas optan por no denunciar ante el temor de represalias mayores o la normalización del hostigamiento como parte del ejercicio profesional», advierte FLED.
Aumento de agresiones en entornos digitales
Una de las estrategias centrales documentadas durante 2025 es el uso del entorno digital como espacio principal de ataque. Las agresiones verbales, escritas y digitales concentraron 74 % de los casos registrados, consolidando redes sociales y plataformas oficialistas como escenarios de intimidación, amenaza y deslegitimación del trabajo periodístico.
«El traslado de las agresiones al ámbito digital permitió sostener la presión contra periodistas y medios a lo largo del año, reduciendo costos políticos y ampliando el alcance del hostigamiento», señala el informe, que advierte además que esta modalidad «profundiza la autocensura como mecanismo de supervivencia profesional».
FLED identifica también la fragmentación del gremio periodístico como una estrategia deliberada. «El gobierno ha impulsado de manera intencional la fragmentación del gremio periodístico independiente como una forma de debilitamiento colectivo», mediante cierres de medios, vigilancia, hostigamiento y exilio forzado.
Como resultado, durante 2025 al menos 26 periodistas nicaragüenses se vieron obligados a abandonar el país, elevando a 309 la cifra acumulada de comunicadores en el exilio. En varios casos, Migración y Extranjería negó arbitrariamente el ingreso al país, «dejándolos en condición de apatridia de facto».
Más «zonas de silencio»
Según FLED, el control del ecosistema informativo se refleja también en la expansión de los desiertos informativos. Durante 2025, Chinandega fue documentado como una nueva zona de silencio informativo, elevando a 11 los departamentos de Nicaragua sin periodismo independiente, lo que equivale al 65 % del territorio nacional.
«El resultado es una asfixia informativa casi total», concluye el informe, que advierte que estas estrategias buscan «reducir de forma sostenida el número de periodistas activos y consolidar una narrativa única controlada desde el poder».
Frente a este escenario, FLED reafirma que la documentación rigurosa, la denuncia y la visibilización internacional siguen siendo herramientas clave para contrarrestar el cierre del espacio cívico y la erosión del derecho a la información en Nicaragua.
En el informe, FLED incluye también una entrevista con César Mendoza, coordinador de la Red regional Voces del Sur, en la que destaca la importancia de acompañar a organizaciones, medios y periodistas desde una perspectiva de derechos humanos, así como de mantener activas las conexiones regionales para evitar el aislamiento y visibilizar los patrones de represión en contra del periodismo.
En esa entrevista, Mendoza subraya que el periodismo debe mantenerse crítico y basado en hechos, y reconoce la labor y la resistencia de quienes continúan informando en contextos de riesgo. Al mismo tiempo, enfatiza la importancia de cuidarse, hacer pausas cuando sea necesario y buscar apoyo profesional, señalando que la seguridad integral es clave para quienes documentan de forma cotidiana la violencia institucional y que el compromiso y la sensibilidad son parte esencial del ejercicio periodístico.
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